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DOMINGO XIV -C- (Día 3)

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

DOMINGO XIV -C-  (Día 3)


El relato evangélico de este Domingo nos habla de “una” misión encomendada por Jesús a un grupo de 72 discípulos  -no a los Doce-  para “prepararle el camino”. En ese relato hay una serie de elementos a los que prestar atención, porque a la hora de misionar es importante no olvidar los tonos, contenidos y estilos de la “primera” misión, la que diseñó el Maestro.

Llama la atención la primera constatación de Jesús: “La mies es abundante y los obreros pocos”, junto a la recomendación: “Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.

Es también sorprendente la descripción que hace del paisaje, del horizonte previsible de la misión: “Os mando como corderos en medio de lobos”.
Y, sobre todo, las consignas: ir desprovistos de todo signo de poder -sin talega…-; con un saludo -la paz-; un mensaje  -el Reino de Dios está cerca- y un quehacer -“curad enfermos”-. 

Un mensaje que Francisco de Asís resumió en un saludo: Paz y Bien. Anunciar la Paz  -“Cristo es nuestra Paz”- y hacer el Bien (función sanante y curativa), porque el Bien es el nombre que describe a Dios: su ser y quehacer: “Tú eres el Bien, sumo Bien, solo Bien, único Bien”.
También nuestro momento puede describirse con términos similares, porque también hoy “la mies es mucha y los obreros son pocos”; también hoy se respira y alimenta un cierto clima de hostilidad, acoso e indiferencia ante lo religioso y lo cristiano; también hoy es necesario “orar al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”; también hoy es necesario hacer la misión desde la esencialidad evangélica, con un discernimiento profundo respecto de los tonos, medios y contenidos.
Pero, por encima de todo, el acento recae, hoy como ayer, en los obreros; y más en la calidad que en el número de los mismos.
La segunda lectura, tomada de la carta a los Gálatas, nos ofrece el perfil del obrero cristiano, Pablo de Tarso. Un hombre seducido por Cristo -“para mí la vida es Cristo…; que nadie me moleste, yo llevo en mí las marcas de Jesús”-. Personas seducidas, encandiladas, apasionadas por Jesús y su causa, para quienes “todo es basura  comparado con el conocimiento de Cristo Jesús” (Flp 3,8).

No hay cristiano sin misión. También el cristiano está marcado por Cristo: el bautismo es el “sello” de garantía que configura la vida y que se enriquece con los demás sacramentos, entre ellos, particularmente, la Eucaristía. 

Una misión para la que no hay que irse muy lejos, sino quizá entrar dentro de uno mismo, para cristianizar, evangelizar la propia vida, y luego abrirse a los horizontes más inmediatos, la familia, el trabajo, las relaciones…
PAZ Y BIEN, una síntesis densa y fiel del estilo y el contenido de la misión evangelizadora.

REFLEXIÓN PERSONAL
.- ¿Siento la urgencia y la responsabilidad de la misión?
.- ¿Siento a Cristo como referente primordial en mi vida?
.- ¿Soy mensajero y constructor de Paz y Bien?

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